Creencia de Drácula
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Creencia de Drácula

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Según ciertas creencias eslavas, la más terrible maldición que jamás afligió al mundo es la del vampiro, que se alimenta con sangre humana fresca. El temor al vampiro, al demonio que mina la vida de los seres vivientes privándoles de la sangre para aumentar su propia vitalidad, es antiguo y casi universal. Está documentado en China, India, Escandinavia, Centroamérica, Polinesia y, especialmente, en los países balcánicos, pero fue en Rumania, donde nació, por obra de la literatura, la más atrayente encarnación del diablo sediento de sangre humana: Drácula, el vampiro culto y seductor que habitaba en un castillo en el desfiladero del Borgo, al pie de los Cárpatos, en Transilvania.


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El vampiro actual ....

La creencia en los vampiros, sus presuntas artes y singularidades, estaban ya perfiladas desde la aparición del libro Primitive Culture, del antropólogo Edward B. Tylor, en 1871. Tylor recoge numerosos testimonios que acreditan una respuesta común, el vampiro, a la certeza, igualmente extendida, de que algunos individuos se debilitan
sin causa aparente, como si perdiesen la sangre, sobre todo de noche. La superstición tenía una variante eslava, según la cual hay personas, especialmente asesinos y suicidas, que al morir se vuelven vampiros y tienen sed de sangre, que empiezan por saciar con sus familiares y parientes y luego extienden a los extraños, con el resultado de que todos los atacados por el no muerto se vuelven vampiros.

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El vampiro actúa siempre de noche y la única manera de acabar con la amenaza pasa por descubrir la tumba del no muerto, localizar su cadáver, reconocible por las manchas de sangre fresca en su boca, y clavarle, de un solo golpe, una estaca en el corazón. Stoker seleccionó esta forma de acabar con el vampiro, entre otras posibles descritas por Tylor, como, por ejemplo, el descabezamiento, la exposición a la luz diurna, el exorcismo o el fuego. En Drácula, la novela, la luz sólo debilita al no muerto, no acaba con él, y la idea de un amanecer mortal para el vampiro
fue una solución posteriormente adoptada por el cine. En los Balcanes, iban al fuego, junto con el vampiro, todos los animales e insectos que podían haber estado en contacto, alrededor de la hoguera, con el cadáver, por temor a que el vampiro se encarnara en alguno de ellos y continuara su labor destructora. Uno de los personajes de la novela, el loco Renfield, come pájaros e insectos y guarda, gracias a esta zoofagia, una extraña afinidad con el vampiro.


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Drácula, en rumano, significa diablo. Pudo ser un azar, pero se cree que Stoker hizo derivar el nombre del principal personaje de su célebre novela de un príncipe de Valaquia, región fronteriza con Transilvania, llamado Vlad Dracul, Vlad el Diablo. Quienes rastrearon, años después de la muerte de Stoker, el posible origen del nombre de Drácula en la genealogía de los príncipes y nobles de
Transilvania (en la novela, Drácula se dice descendiente de los hunos y afirma haber combatido contra los magiares, lombardos, ávaros, búlgaros y, en especial, contra los turcos) se encontraron con un Dracul que, desgraciadamente para las relaciones entre la ficción y la historia, carecía de cualquier elemento o posible asociación vampírica en su biografía.

Vlad Dracul se había distinguido, efectivamente, en la lucha contra los infieles y por esta razón el emperador Segismundo de Luxemburgo le había concedido, el 8 de febrero de 1431, el ingreso en la Orden del Dragón, a la que también pertenecían los reyes de Castilla y Polonia y el Gran Duque de Lituania, entre otros. Al regreso de su encuentro con Segismundo en Nüremberg, Vlad ordenó acuñar moneda y un medallón personal con la efigie del dragón, un monstruo tan retorcido y terrible en su apariencia que motivó el apodo de "diablo" para su portador. Pero ahí acababan, en el medallón y en el apodo, las vinculaciones de Vlad con el diablo, con Drácula.
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El hijo de Vlad Dracul, era, a diferencia de su padre, un personaje rodeado por una leyenda de sangre, terror y guerra. Nació, según se cree, en Sighisoara, la bella ciudad rumana medieval, en una casa que aún se conserva. Se ganó en el transcurso de los años, gracias a su fórmula para cobrar venganza e impartir justicia, el sobrenombre de El Empalador, Tepes, en rumano. Fueron cientos, si no miles, los turcos que sembraron de sangre los campos de Valaquia empalados, tras su derrota, para que sufrieran la más cruel de las agonías hasta la llegada de la muerte. Según uno de sus biógrafos, Ion Stavada,
Vlad Tepes no sólo arremetió con el horror de sus métodos contra los turcos. Empaló a todos cuanto creyó que le estaban engañando, fueran turcos, monjes o boyardos de su propia corte, decapitó a quienes halló culpables de robo o estafa, ordenó la muerte de los soldados cobardes o traidores, quemó mendigos y perezosos porque, se afirmaba, no traían beneficios a la sociedad, y según otras leyendas, porque no existe documentación precisa sobre ninguna de estas aseveraciones, atravesó la cabeza de unos mensajeros turcos tocados con unos gorros porque no aceptaron descubrirse en su presencia.

Vlad Tepes murió en diciembre de 1475 o en enero de 1476 cerca del monasterio de Snagov, a 40 kilómetros de Bucarest, donde se cree que hoy reposan sus restos. Al parecer, fue víctima de una traición, le tendieron una celada y fue muerto por los turcos que, según una de las versiones, enviaron su cabeza a Estambul. La última de sus leyendas afirma que, tiempo después de su muerte, los habitantes de los bosques de Snagov creían verle paseando de noche en su caballo, sin cabeza, con arreos militares y a la búsqueda de sus enemigos.Vlad Tepes murió en diciembre de 1475 o en enero de 1476 cerca del monasterio de Snagov, a 40 kilómetros de Bucarest, donde se cree que hoy reposan sus restos. Al parecer, fue víctima de una traición, le tendieron una celada y fue muerto por los turcos que, según una de las versiones, enviaron su cabeza a Estambul. La última de sus leyendas afirma que, tiempo después de su muerte, los habitantes de los bosques de Snagov creían verle paseando de noche en su caballo, sin cabeza, con arreos militares y a la búsqueda de sus enemigos.
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